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"Reforma tributaria integral…Útil, inútil o perjudicial” Puntos
finos, Año VI, número 126. 1ª Quincena, Mayo de 2007.
Por: Sergio Salvador Aguirre Sánchez.
Socio fundador de la firma Aguirre Consultores Legales.
sergio_aguirre@aguirre-consultores.com.mx
Parece ser que finalmente, durante este año, se reformará el sistema
tributario mexicano. Su objetivo inmediato deberá ser detonar una
mayor recaudación de contribuciones y servir de catalizador de
crecimiento. Para ello existen aparentemente tres caminos, a saber:
a) incrementar la carga tributaria al sector formal de la economía,
b) ampliar la base de contribuyentes, provocando la incorporación de
los informales al sistema, o c) reducir dicha carga tributaria a
todos y al mismo tiempo, forzar al sector informal a cumplir con sus
obligaciones tributarias. Cabe señalar que desgraciadamente, el
primer camino antes indicado, es a lo que han tendido todas las
últimas reformas en esta materia.
Lo anterior se debe quizá, a que el hecho de únicamente incrementar
las cargas a los contribuyentes registrados es operativa o
burocráticamente sumamente sencillo, pero como por todo es sabido,
esta forma de actuar, tiene efectos indeseables en la economía
porque limita la competitividad de nuestro país y hace más cara, y
sumamente difícil la entrada de los informales al sistema. Asimismo,
el intentar forzar a los informales sin disminuir el costo que les
representa regularizarse, es prácticamente inútil. La situación
actual corrobora lo dicho: a los informales no les interesa sumarse
al sistema porque ellos ven como son atacados los de adentro y
también se dan cuenta de lo costoso que es.
Lo anterior nos indica que la solución se encuentra en hacer más
barata su incorporación, reduciendo la carga tributaria,
simplificándola y de manera simultánea, forzándolos a contribuir.
Para ello no bastan reformas legales que simplifiquen y reduzcan las
rutas impositivas, sino que además conduzcan a la administración
tributaria mexicana a sustituir un paradigma tributario, sobre el
cual se ha construido la política tributaria de fiscalización en
nuestro país.
Dicho concepto es la llamada recaudación secundaria, misma que
consiste en identificar al ejercicio de facultades de comprobación,
con una manera importante de recaudar contribuciones, lo cual
provoca una distorsión de la verdadera función auditora: castigar a
los incumplidos, sin destruir las fuentes de riqueza. Esta forma de
ver las cosas, es una práctica sumamente vetusta del sistema. Antes
de la llegada de tanta transparencia al gobierno, se trataba de un
concepto sumamente utilizado de manera abierta dentro de las áreas
tributarias correspondientes, pero ahora, incluso se maneja abierta
hacia afuera de la agencia tributaria mexicana mediante el “Informe
Tributario y de Gestión” que de manera trimestral presenta el
Servicio de Administración Tributaria.
La existencia de ese paradigma, además se comprueba de la manera en
que se miden los resultados de las acciones de verificación de las
autoridades fiscales, la cual depende de las cantidades que se
determinan a los contribuyentes, independientemente de si después de
su litigio, quedan firmes o no. Lo anterior se puede verificar
incluso con los propios informes recientes de nuestra agencia
tributaria en el sentido de que la recaudación secundaria se
incrementó.
Los funcionarios encargados de esta atribución —normalmente los
Administradores Locales de Auditoría Fiscal Federal—, entonces, para
cumplir con sus metas, fiscalizan a los más fáciles de fiscalizar: a
los llamados contribuyentes cautivos, dejando impunes a los que se
encuentran libres, y por ende además comprobándoles a éstos últimos,
la inconveniencia de sujetarse al control tributario formal, al
percatarse como ya se adelantó antes, de la manera en que el fisco
trata a los contribuyentes al momento de ejercer sus facultades de
comprobación.
Cabe señalar que, por si fuera poco, en las más de las veces, a los
contribuyentes cautivos, se les determinan contribuciones, basándose
en verdaderas arbitrariedades o interpretaciones claramente pro
fisco, que mucho les cuesta desenredar mediante defensas sumamente
caras y que en muchas ocasiones desembocan en procedimientos de
carácter penal y en la destrucción de las pequeñas y medianas
empresas.
Por lo anterior, debe de provocarse un giro que, desde el
legislativo : a) obligue a la autoridad tributaria a deshacerse de
esas preconcepciones, obligándolos a medir sus resultados de otra
forma, b) abarate la entrada de los informales mediante la
simplificación y reducción cargas, c) obligue a la autoridad a
vigilar y sancionar a dichos informales, sin importarles que tanto
recuperen, d) reduzca sanciones y elimine la mayoría de las
sanciones penales fiscales, que de paso desahogaría al ministerio
público para ocuparse de cosas realmente importantes y e) facilite
la defensa de los contribuyentes menores en contra de las
autoridades (para esto último bastaría destrabar la operación de la
Procuraduría de la Defensa del Contribuyente).
Si no se hace lo anterior, pienso yo, la reforma será inútil, sino
es que perjudicial.
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