“México en Reforma”.

  Mural, 4 de marzo de 2007.

El Senado de la República aprobó el pasado 13 de febrero la Ley para la Reforma del Estado, pero: ¿Qué tipo de Reforma de Estado requiere México para poder avanzar con éxito entre el concierto de naciones?

Sergio Salvador Aguirre Sánchez

No se trata de una Reforma del Estado en sentido propio. No está en discusión el sistema republicano representativo, democrático y federal y, por lo tanto, la creación de una nueva Constitución.

El tema es otro, que deriva de una incongruencia del sistema: el método de elección de los legisladores federales -en gran medida de representación proporcional- y su combinación con el presidencialismo.

La elección directa de los legisladores, está demostrado, lleva de manera irremediable al bipartidismo, como sucede en Estados Unidos.

La elección proporcional de los mismos conduce inexorablemente al multipartidismo, propio de las democracias parlamentarias, donde el Poder Ejecutivo o Gobierno es responsabilidad del Parlamento y el Jefe de Gobierno es electo por éste.

El bipartidismo funciona muy en sintonía con el sistema presidencial. El multipartidismo no: sólo es viable en un sistema parlamentario.

Estas afirmaciones que parecen teóricas han sido corroboradas en México, donde conviven multipartidismo y sistema presidencial, lo cual no permite un funcionamiento cabal ni del Legislativo ni del Ejecutivo, situación que se ha llamado en México "ingobernabilidad".

Estas son las razones estructurales que no nos permiten avanzar, no como se afirma corrientemente, la mezquindad de nuestros políticos.

La respuesta la encontramos entonces en corregir este diseño, y se puede hacer de dos maneras:

1.- Eliminando el presidencialismo y acercándonos al parlamentarismo, conservando la elección proporcional de nuestros legisladores y, por tanto, nuestro -valioso, pienso yo- multipartidismo.

2.- O bien, desapareciendo la elección proporcional de legisladores y, por tanto, nuestro polipartidismo, conservando el presidencialismo.

Yo creo que la primera opción es la más cercana a nuestra realidad, y mejor en muchos sentidos.

Es más viable, porque serán los mismos partidos políticos los que tendrán a su cargo la realización de este ajuste, y no creo que se arriesguen a desaparecer porque, recordemos, nos iríamos a un bipartidismo donde ninguno de los partidos puede saber a ciencia cierta si será alguno de los dos supervivientes.

Además, es mejor, porque sin lugar a dudas México históricamente ha sido multicultural y sus diferencias deben ser representadas cabalmente para lograr una mejor cohesión social.

También nos permitiría salir de la trampa tendida por nuestro vecino del norte, los Estados Unidos, desde nuestra Independencia: conducirnos a un sistema copiado, no atinente de nuestras realidades que, como bien lo previeron, nos convirtió en un País débil y controlable.

Esto lo veo incluso como una gran oportunidad para establecer una especie de "tercera Independencia" porque nos permitiría, sin duda, levantar el rostro de nuestro México, sin complejos y con acuerdos, liderando en consecuencia y casi de manera inmediata, a la América Latina.

Esto, con el beneficio extra de servir de "vacuna" contra los fraudes a la Constitución que en nuestra región están generándose por conducto del populismo, como es el caso de Venezuela.

Las otras reformas vendrán por añadidura, porque un sistema parlamentario mexicano, bien ideado, contrario a servir de catalizador de afrentas, lo será de acuerdos posibles.

En todo caso, es imperativo atacar este defecto constitucional, no hacerlo sería, entonces sí, no una, sino la más grande mezquindad que nuestros políticos pudieran atestarnos.

Sergio Salvador Aguirre Sánchez es abogado y miembro del despacho Aguirre-Consultores.