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Blindaje democrático.
Por: Sergio Salvador Aguirre Sánchez
El jueves 9 de septiembre de 2004, durante la celebración de los 75 años
de la COPARMEX y ante el empresariado mexicano en la Ciudad de
Monterrey, Enrique Krauze nos instó a impulsar un blindaje
democrático. En lo mismo insiste en su columna del Grupo Reforma del
domingo siguiente.
Siguiendo a Sartori, uno de los elementos fundantes de la democracia es
el consenso, de donde distingue tres niveles: “la aceptación a) de
valores últimos, b) de reglas del juego, c) de gobiernos.”
Ese autor indica como indispensable el segundo de ellos, el consenso
sobre las reglas del juego.
Dice el italiano: “El consenso que verdaderamente es condición necesaria,
es el consenso procedimental, el convenir sobre las llamadas reglas
del juego. Las reglas del juego son muchas; pero, a nivel de
régimen, la regla primaria es la que decide como decidir, la que
establece un método de solución de conflictos. Una sociedad política
sin una regla de resolución de los conflictos es una sociedad
expuesta a estancarse en cada “conflicto”; y, en tal caso, conflicto
es la palabra justa”.
Creo entonces que para iniciar con el blindaje democrático, los políticos
de todos los partidos o deben de aceptar explícitamente las reglas
del juego actual: nuestro sistema jurídico y electoral vigente, o
emprender la creación de nuevas reglas.
No se vale en este tema tan delicado, criticar sin proponer; es una
irresponsabilidad brutal. Mucho menos se vale atacar a las
instituciones que en última instancia decidirán, sea directa o
indirectamente, tal como algunos actores políticos lo hacen, al
acometer sin distingos e injustificadamente al Poder Judicial de la
Federación, que incluye dentro de sus órganos al Tribunal Electoral.
Su irresponsabilidad, maldad o estupidez se confirma al no proponer
alguna institución o modificaciones a las existentes o normas nuevas
que en su caso pudieran resolver el conflicto.
¿Qué pretenden? ¿Destruir la piedra angular de nuestra novel democracia?
¿Entenderán que de lograrlo, todo el edificio se caerá?
Forcémoslos a aceptar o a proponer. Exijámosle a nuestros políticos que
acepten las reglas básicas o que las repudien, pero proponiendo y
aprobando reformas.
Asimismo, el mismo Sartori nos explica como opuestos a la democracia al
absolutismo, autoritarismo, totalitarismo y dictadura, y como su
contradictorio absoluto, a la autocracia en donde el gobernante se
auto proclama Jefe, vamos que la investidura de su poder se la
atribuye a si mismo. Cosa que no ocurre en la democracia, ya que
“cualquier régimen, cuyo personal político “para controlar” es
escogido de elecciones libres, competitivas, y no fraudulentas, se
clasifica como democracia”.
Regreso un poco, ¿bajo estas ideas, no les parece que al darle de
martillazos rutinariamente a la piedra angular de nuestra
democracia, algunos de nuestros políticos, acaso pretenden derrumbar
el edificio y entonces autoproclamarse jefes?
Por otro lado, al resultar posible, dado nuestro sistema constitucional,
el convivir la democracia con el absolutismo, el autoritarismo, el
totalitarismo y la dictadura, que tienen por resultado el reducir la
intensidad de la democracia, es momento de exigir a nuestro
constituyente permanente que reconstruya nuestro sistema para evitar
que resurjan.
Me explico: si durante este sexenio y el anterior, hemos disfrutado de
una democracia respetable, es debido a que los presidentes han sido
demócratas.
¿Que pasará si el próximo presidente no es demócrata?
Pues utilizará las facultades meta constitucionales que bien define
Carpizo, y que de manera general, no se han usado en los últimos dos
sexenios, pudiéndonos llevar a un Estado menos democrático y de
corte absolutista, autoritarista o dictatorial, formas de gobernar
que ya conocemos en sus reflejos populistas e irresponsables,
fabricadores de pobres, de corrupción, de ineficacia, de deuda, de
improductividad y de un interminable etcétera. |