SEGURIDAD EN JALISCO.
Por: Sergio Salvador
Aguirre Sánchez.
Distinguidos miembros
del Presidium
Amigos y amigas:
Dice Carlos Cossio que
“quien sabe que no tiene jueces no tiene que depositar su fe en
las normas,”
La impunidad debilita
al Estado, cuya principal función es la impartición de justicia,
entendida esta en lo amplio, como la constante y perpetua voluntad
de dar a cada quien lo suyo.
Un Estado es fuerte, es
poderoso, en tanto conserva y cuida de esa facultad. Si mengua su
capacidad de asegurar los derechos y provocar el cumplimiento de
los deberes de sus súbditos, otros grupos de poder toman su lugar,
como es la delincuencia organizada.
De los factores que
provocan la impunidad, pareceremos olvidar un par de ellos en la
discusión de la manera de atacarla: primero, vencer la inercia de
aumentar las penas, elevar a sanciones penales las infracciones
administrativas y la creación de nuevos tipos de delitos.
Luego, tomar la
decisión contraria: reducir los supuestos, concentrando en el
mundo penal, las conductas que en realidad perjudican de manera
directa, los bienes jurídicos más valorados.
Resulta muy atractivo
el pretender disuadir a los delincuentes amenazándolos,
diciéndoles que si realizan tal o cual conducta, serán castigados
con mayor rigor. Sin embargo al criminal, poco le interesa dicha
amenaza. Su preocupación atiende a las probabilidades de responder
por sus actos.
Aun así, la salida
fácil del problema se achaca al legislador, exigiéndole un
endurecimiento que falla en su objetivo. El aumentar las penas, no
disuade, solo hace perder el tiempo de nuestros hacedores de
leyes.
Asimismo, otra práctica
inútil y perversa, consiste en elevar las sanciones
administrativas a penales. Ello ocurre normalmente cuando la
autoridad administrativa, como puede ser el fisco a manera de
ejemplo, por su propia incapacidad, opta por enjaretarle su
responsabilidad al ministerio público, atiborrándolo de trabajo.
También ocurre que al
presentarse circunstancias nuevas derivadas de un mundo tan
movido, sin algún análisis serio y quizá previendo la falta de
eficiencia de las autoridades administrativas, se sueltan a la
ligera nuevos tipos penales sin la conciencia de que ello provoca
más lentitud en el perseguidor de los delitos.
Por todo lo anterior,
vale exigir a nuestros legisladores locales y federales, una
revisión completa de los delitos, para que así, seleccione
aquellos que deben efectivamente mantenerse como tales, los que
deben desaparecer y aquellos que deben reducirse o retornar a
sancionarse administrativamente.
Recordemos entonces que
la impunidad además de las causas enumeradas proviene de muchos
factores, mas nunca olvidemos los defectos de nuestras leyes.
Finalizo citando a
Daniel E. Herrendorf:”la idea de la protección de la seguridad
pública a través de más leyes penales, tipificación de más delitos
y penas más graves, suspensión de excarcelaciones y demás, puede
tener dos perfiles:
-
Responde a la
mentalidad ingenua que dominaba a los cavernícolas que creían
que atrapaban a las fieras que dibujaban en la pared de las
cavernas. Sería un residuo del pensamiento mágico.
-
Responde a un grado
de perversidad más alto que el usual en las políticas
criminales. Las agencias jurídico-penales no ignoran que sus
sistemas de selectividad condenan a los más vulnerables y
despenalizan a los poderosos. Todo esta en el grado de
vulnerabilidad; en general son condenados los pobres infelices
que no tienen dinero para sobornar, ni poder público, ni amigos
oficiales.
Además, el sistema
penal condena a los fracasados: los que consuman una empresa
criminal exitosa cuentan con un altísimo grado de
invulnerabilidad.
En suma, el sistema
penal, cada vez más irracional y represivo, no parece servir para
lo que se supone que podría servir, y es muy eficaz para
controlar, reprimir injustamente, agobiar a los vulnerables y
mantener sistemas de infravida; problemas a los cuales los
funcionarios públicos han respondido generalmente con más presos,
cárceles llenas, y el mito del delincuente archivado.”
Muchas gracias.